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América

La herencia sevillana de Cartagena de Indias

Pilar Navarro 17 marzo, 2019

Mi primera sensación sólo llegar a la ciudad de Cartagena de Indias fue sentirme en casa. El centro histórico o lo que llaman la «Ciudad Amurallada», me resultaba muy familiar, y me recordaba mucho a mi Sevilla natal. Cartagena es una ciudad cargada de historia y de recuerdos hispánicos: sus calles, la arquitectura colonial, el clima…. no en vano, el primer español en llegar a lo que hoy es Cartagena de Indias fue Rodrigo de Bastidas, notario en Sevilla. Por lo visto, Rodrigo había participado en los primeros viajes de Cristóbal Colón a América, al área bautizada como Golfo de Barú que posteriormente cambiaría nombre a Bahía de Cartagena, por ser tan cerrada como la de Cartagena, España.

Cartagena fue uno de los destinos que visitamos, mi marido y yo, en el crucero que hicimos por el Caribe Sur con motivo de nuestro 10 aniversario de bodas. Este crucero es muy interesante y curioso, por su gran diversidad cultural y porque apenas se visitan islas, salvo Aruba y Curaçao, el resto de los destinos es tierra firme, Panamá (Colón), Costa Rica (Puerto Limón) y Colombia (Cartagena de Indias).

Si vas a viajar a Cartagena próximamente, déjame remontarme a sus orígenes para brindarte un trocito de su historia y esencia, que la hace, si bien cabe, aún más atractiva. Has de conocer que Cartagena estuvo bajo el dominio español más de 275 años y fue la ciudad más grande del virreinato. Fue fundada por el madrileño Pedro de Heredia, en 1533, en tierras habitadas por los indígenas calamarí del grupo Karib, llamados Caribes por los españoles.

A partir de su fundación, Cartagena de Indias se convirtió en un punto clave del comercio y la defensa de gran parte de América y del mar Caribe. Y es aquí donde me gustaría hablar de la famosa “Flota de las Indias”, que, según el historiador Manuel Lucena, “…fueron el mecanismo de funcionamiento del monopolio comercial español con América y constituyeron la esencia de la denominada Carrera de Indias que englobaba todo el comercio y la navegación de España con sus colonias”.

Parece ser que el tráfico comercial con América se concentraba en Sevilla y después Cádiz, debido al monopolio controlado por la Casa de la Contratación desde su fundación en 1503. Por motivos de seguridad, “se juzga necesario crear una armada para proteger la Flota de indias “, por lo que, a partir de esta Real Provisión en 1522, las naves comienzan a salir reunidas, “viniendo en flota “, para darse mutua protección. Como en América existían dos virreinatos, el de Nueva España y Perú, se determinó enviar dos flotas anuales, una para cada uno de ellos. La Flota de Nueva España, cuyo destino era Veracruz, en México, zarpaba en abril, y la Flota de Tierra Firme o de los Galeones, cuyo destino era Cartagena y Portobelo, en el istmo de Panamá, que lo hacía en agosto.

Tanto en Cartagena como en Portobelo, la vida ciudadana transcurría entre períodos de agitada actividad y de gran quietud. Durante la feria, cuando llegaban los galeones, los residentes montaban un Ferial, donde acudían los representantes de los comercios a recibir la mercancía demandada y pagada en la feria precedente. Tampoco faltaban los marchantes de cuadros e imágenes, como Martínez Montañés y su escuela sevillana que ofrecían imaginería religiosa, cristos crucificados, vírgenes y santos al Virreinato del Sur. Muchas catedrales, iglesias y conventos de Latinoamérica conservan aún muestras de aquel magisterio. Toda escuela de imaginería de España tenía su representante en Sevilla, donde daban salida de sus productos hacia América.

Cartagena llegó a convertirse en una de las ciudades más fortificadas del Caribe, debido a los numerosos ataques por parte de piratas ingleses, franceses y holandeses, de ahí que la ciudad fuera rodeada de una gran muralla y que se construyera el castillo de San Felipe de Barajas, fortaleza española construida sobre una elevación, para divisar cualquier movimiento enemigo.

Callejear sin rumbo por las calles de esta “ciudadela”, centro histórico de Cartagena, es algo que no te debes perder. Nosotros lo recorrimos a pie, entrando por la puerta de la Torre del Reloj Público, que llega a la Plaza de los Coches, donde está la estatua al fundador de la ciudad, Don Pedro de Heredia y el Portal de los Dulces famoso por sus dulces a base de coco. Las calles y casas coloniales con sus balcones llenos de flores, es ya un espectáculo en sí mismo. Un poco más adelante, se llega a la Plaza de la Aduana, donde se encuentra el Ayuntamiento, y cercano a éste, la catedral, la iglesia de San Pedro Claver, el colegio de los jesuitas, el palacio de la Inquisición, la Universidad, y varios conventos, como el de San Agustín o el de Santo Domingo.

La arquitectura colonial cartagenera, en ocasiones, me recordaba a mi Sevilla natal, a esas casas con sus patios, poblados de columnas, arcos y flores. “Se cuenta que cuando un sevillano mandaba labrar una casa, decía a su arquitecto: Hágame usted en este solar un gran patio y buenos corredores; si terreno queda hágame usted habitaciones”. Y parece ser que los colonos del siglo XVI solían dar instrucciones a sus arquitectos para construir siguiendo este estilo, según cita Don Joaquin Hazañas, historiador sevillano.

No hay duda de que Cartagena de Indias es una de las ciudades coloniales más bonitas que he visitado. Ahora, recordando nuestro maravilloso viaje, para escribir esta entrada de blog, me doy cuenta de que no siempre tenemos las gafas adecuadas para poder ver lo que tenemos delante, y en este momento, con la perspectiva que nos brinda la distancia y el tiempo, he descubierto nuevos tesoros escondidos a la vista, acerca de esta mítica y alegre ciudad.

Con esto, os vuelvo a dejar otro “bonmotif” para vuestra próxima aventura.

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